Mix Nostrum
Un disco-relato sobre el folklore del mediterráneo
Mix Nostrum es el 4º disco de Antropoloops, una obra compuesta con fragmentos de músicas tradicionales de las culturas que delimitan el Mar Mediterráneo. Cada una de las seis piezas musicales que forman el disco, acompañadas por collages y textos, dan forma a un trabajo de remezcla que funciona como una alegoría sobre la búsqueda de la autenticidad en la música.
La obra reutiliza fragmentos de grabaciones de campo, alojadas en archivos online como el de la Fundación de Alan Lomax -Cultural Equity-, el CREM -Centre de Recherche en Ethnomusicologie- o la Fundación de Joaquín Díaz, así como de vinilos compartidos por diversos coleccionistas en sus blogs musicales: fragmentos de más de un centenar de grabaciones de la música tradicional que delimita y atraviesa el espacio de este mar (trágicamente convertido en una de las fronteras más mortíferas que existen en el mundo).
Piezas
Este disco en parte también supone un primer intento de plasmar el proceso de reflexión en el que nos encontramos desde antropoloops en los últimos tiempos, cuestionando e intentando profundizar en la naturaleza política del archivo con el que trabajamos; y en su génesis teórica y práctica. Un intento por comprender el contexto cultural, político y epistemológico en el que surgen y se distribuyen las fuentes musicales con las que trabajamos.
Uno de los ejes fundamentales del trabajo académico de los investigadores en el ámbito del folklore en los últimos dos siglos ha sido la búsqueda del origen. El origen de las “cosas” culturales hablaba de su verdadera esencia y propósito. La retórica de lo auténtico ha articulado la génesis de los ámbitos científicos del estudio de la cultura (folklore, antropología, etnología, etnomusicología).
Como plantea Regina Bendix (1997) en su libro In search of Authenticity, “el anhelo continuo de experiencias de autenticidad no mediada busca reducir lo que Rousseau llamó ‘la herida de la reflexión,’ una reacción a la desmitologización, destradicionalización y desencanto modernos”.
El corpus de registros de músicas tradicionales refleja el humanismo occidental, pero también está tejido y cruzado por lógicas paternalistas y colonialistas; como la idealización burguesa de la música del pueblo pero sin el pueblo en el origen del estado moderno en el Romanticismo, o el refuerzo de esta identidad occidental mediante la construcción del otro etnográfico en el marco colonialista. Cualquier grabación de campo de música tradicional, tiene detrás de sí una historia densa de relaciones, capas y capas de sucesos que vibran detrás de la escucha.
Estas historias sobre los orígenes (etiologías) siguen con nosotros en el imaginario colectivo, el mercado las ha abrazado como base del consumo y del turismo cultural; y lamentablemente, asistimos al resurgir de retóricas identitarias que vuelven a reproducir la historia más oscura del siglo XX.
La riqueza de las culturas musicales en torno al Mediterráneo, o el mar de los muchos nombres, no se puede entender si no es como el fruto de migraciones, diásporas, viajes e intercambios a lo largo de su historia. En un momento de exaltaciones identitarias, es necesaria una mirada amplia, ya que lo único y extraordinario surge siempre de la mezcla. La autenticidad como reclamo es sinónimo de miopía musical.
El texto de Mix Nostrum se plantea como un relato, de remezcla y sobre la remezcla, que acompaña las piezas musicales del disco y sus collages; un relato metafórico e imaginario sobre la búsqueda moderna del origen y la autenticidad en las músicas tradicionales. En el texto se ha sampleado el guión de La Jetée (1962) de Chris Marker, usándolo como punto de partida modificado y armazón de fondo, desplazando su contenido de la imágen-cine a la música-remezcla. Los experimentos del viajero estructuran la música del disco y construyen un relato sobre las fuentes usadas en la remezcla y sus conexiones posibles (musicales, pictóricas y textuales).
Esta es la historia de un hombre marcado por una melodía de su infancia. La canción, cuyo significado no comprendería hasta años después, la escuchó por primera vez en un puerto del Mediterráneo, poco antes de la gran guerra.
Es Domingo, la gente disfruta en el puerto mirando los barcos que llegan y parten. El niño de esta historia recordará el sol y el olor del mar al final del embarcadero, momentos que, como otros cualquiera, solo son memorables por las cicatrices que dejan. La melodía que escuchó iba a convertirse en el único momento apacible que sobreviviera a la guerra. ¿La había escuchado realmente?¿O la había inventado para protegerse de la locura venidera?
Y poco después, el mar se llenó de muerte. Muchos murieron, otros fueron desplazados, algunos se creyeron victoriosos y se asentaron bajo tierra con sus prisioneros. La superficie era inhabitable por la temperatura y la contaminación del mar. Los vencedores custodiaban un imperio de ratas. Los prisioneros eran sometidos a experimentos aparentemente de mucha importancia para los científicos del subterráneo, que acababan desilusionados. Los primeros, muertos, o locos.
Un día, de entre los prisioneros, seleccionaron al hombre cuya historia estamos contando. El científico jefe le explicó con calma que la humanidad había perdido la capacidad de habitar la tierra, la única esperanza para la supervivencia residía en la identidad.
Basándose en las teorías del Dr. Attali, los científicos pretendían reconstruir los estados del mundo previos a la gran guerra mediante algunas grabaciones de música tradicional que habían sobrevivido a la catástrofe. Para ellos la música era información pura, era profética. Según un modelo de interacción recíproca era posible reconstruir las superestructuras sociales perdidas a partir de una música original y auténtica.
El objetivo de los experimentos era modificar el estado de consciencia del sujeto para, a través de la escucha inmersiva de restos musicales, inducir un viaje al pasado a través de un bucle de tiempo. Pero la mente rechazaba la idea, el shock era demasiado grande. Tras repetidos fracasos, los científicos empezaron a elegir sujetos con fuertes experiencias musicales. Si habían interpretado alguna música, su cuerpo guardaría una memoria que quizás les permitiera mantenerse en ese fugaz momento histórico que los restos de grabaciones profetizaban. Este hombre fue elegido para los experimentos por su obsesión con una melodía de su infancia. sigue leyendo...
Composición y collages: Rubén Alonso
Visuales geográficos: Esperanza Moreno
Mastering: Jordi Gil (estudio Sputnik)
Editado por: Telegrama
año: 2019
